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El Futuro Federalista da Europa

El futuro federalista da Europa: De los origines de la Comunidad Europea a la Unión Europea.
Dusan Sidjanski

ISBN: 942515-6
Editorial: Ariel
1a edición: diciembre 1998

Prólogo de José María Gil-Robles Gil-Delgado

Prefacio del autor

Introduccion

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Introducción al federalismo europeo

El federalismo es nuestro porvenir. Esta es la conclusión del presente recorrido a través de los proyectos y las realizaciones de la Unión Europea desde sus orígenes hasta nuestros días. Conclusión que marca el inicio de una nueva era del federalismo europeo. Considerado durante mucho tiempo como una amenaza a la unidad de la nación, el federalismo aparece hoy como la única forma de prganización social susceptible de garantizar las identidades nacionales y regionales en armonía con las exigencias de la interdependencia y la globalización. Induido en otro tiempo entre los gobiernos al uso en tierra de <<salvajes>>, resurge en el presente gracias a las redes informáticas y se erige en antídoto del Estado-nación, que se revuelve sobre un fondo de nacionalismos virulentos. Una vez más, los europeos se enfrentan a la elección entre la Unión Europea y la balcanización de Europa.

Recobrada la libertad, es difícil que un viejo o nuevo Estado de Europa del Este, aunque atraído por la Comunidad Europea, se resista a la tentación de reconstituir el Estado-nación. Ahora bien ¿cómo es posible hacer coincidir el Estado y la nación en una región de Europa donde los pueblos, culturas y religiones están tan entremezclados y en ocasiones enfrentados? En este contexto, el Estado-nación implica, más que en otros lugares, la voluntad de imponer, por la fuerza si es necessario, la cultura y la dominación de la nación mayoritaria. Esta lógica de la asimilación conduce a menudo, si no al conflicto, a la discriminación. De modo inverso al proceso de unión, esta asimilación incita, por las reacciones que provoca, al desencadenamiento de la desintegración y a confrontaciones violentas. De este modo, la caída del muro de Berlín no solamente ha revelado la fosa existente entre las economías del Este y el Oeste, sino lo que es peor, ha desvelado un abismo, cuando no una oposición, entre los valores, las actitudes y los comportamientos de unos y otros. El aprendizaje de la democracia y del federalismo precisa de una larga maduración.

Ante este resurgimiento de los nacionalismos he creído urgente volver a recorrer el camino de la Unión Europea, así como remontarne a los orígenes del federalismo, amtes de analizar el alcance del Tratado de Masstricht. La historia es rica en ideas y planes de unión de los países europeos. Pero es desde el negro fondo de la ocupación de donde surgen los proyectos de una Federación Europea. Utopía fundada en la libre asociación de hombres y Estados en el seno de una comunidad democrática, fue difundida por los miembros de la resistencia tras el Manifestio Federalista de Ventotene. Es la guerra de la Europa de mocrática contra la invasión de la EUropa hegemónica. Revelada desde el fin de la guerra por centenares de movimientos europeos, la idea de una Federación Europea fue desarrollada en el Congreso de Montreux antes de encarnarse en el Manifesto Europeo de La Haya. desde entonces, el Manifesto Europeo se opone al Manifesto marxista.

La confluencia de la corriente animada por los militantes del Movimiento Europeo, y de la iniciativa de Jean Monnet y Robert Schuman, apoyada por Estados Unidos, está en el origen de la Comunidad Europea. La prueba es concluyente: los enemigos tradicionales se convirtieron -apenas cinco años después del fin de la segunda guerra mundial - en socios principales antes de transformarse en pareja franco-alemana, núcleo dinámico de la integración europea. La Comunidad Europea ha aportado paz y prosperidad favoreciendo la expansión de las naciones y las regiones. De esta forma se ha verificado la premonitoria llamada que Churchill lanzó rn du discurso en el Congresso de La Haya a propósito de la fusión y el reparto de las soberanías nacionales, que son las únicas capaces de garantizar la protección de la diversidad de caracteres, costumbres y tradiciones de las naciones. Esta constatación praqgmática no es ajena al hilo que conduce del principio federativo de Proudhon al enunciado de los principios del federalismo de Denis de Rougemont, un sigla más tarde, en el Congresso Federalista de Montreux.

Según Denis de Rougemont, el federalismo es la renuncia a la hegemonía, porque federar es reunir elementos diversificados en un equilibrio dinámico, es la salvaguardia de la especificidad de cada minoría, de cada región o nación; es lo contrario de la simplificación totalitaria, de la uniformidad impuesta por el Estado-nación centralizador; es un espacio de libertad, de democracia y de participación en un pluralismo de ideas, culturas, creencias y partidos, de empressas y grupos de interés, evolucionando en un tejido social complejo y diversificado. Fundado en el reconocimiento de la persona, el respeto al hombre libre y responsable, la tolerancia, el federalismo político se desarrolla siguiendo los principios de subsidiariedad, autonomía y participación que permitten rebasar al Estado por arriba y por abajo al mismo tiempo, por la Federación Europea y por el ayuntamiento y la región.

Tanto por su fundamento como por sus principios directores y su método flexible, el federalismo ofrece la posibilidad de crear una sinergia entre dos polos de atracción opuestos: la atracción de la globalización bajo la presión de la nueva revolución tecnológica y la fascinación por la singularidad cultural, nacional y local; la solidaridad mediante la división del trabajo, a través de la interdependencia que tiende hacia la mundialización y las agrupaciones continentales frente a la solidaridad por similitud formada en torno a la identidad cultural, nacional o étnica, tal y como surja de la historia legendaria o real. Esta doble tensión se confirma en el seno de la <<unión en la diversidad>> que permite unir los grandes espacios económicos a las risquezas de los hombres y los países. Unión que reposa en un tejido de solidaridades, adhesiones y lealtades múltiples. Paradójicamente, la alianza formada por las dos tendencias en tensión se ha convertido en realizable gracias a la imprevista aportación de la alta tecnología de la información, de las redes de comunicación y de interación. El porvenir del federalismo se inscribe en el desarrollo de los microordenadores que, multiplicando las redes horizontales, transforman el poder e invertien la pirámide.

A pesar de esta vocación y del engranaje dinámico de la integación, nada está definitivamente adquirido. Como una advertencia, la sorpresa ha venido del Este con el estallido del Imperio soviético, la descomposición de Yugoslavia y la disolución del bloque comunista. La gran fortaleza y el Imperio soviético han volado en padazos, en Estados-nación, en micro-Estados, en Estados-etnias. La propria Comunidad Europea no está immunizada, de una vez por todas, contra las enfermedades infantiles que amenazan con avivar las rivalidades nacionales tradicionales y los irredentismos étnicos, religiosos o culturales. Aunque marginales en Europa occidental, estos movimientos podrían amplificarse desperanto las ambiciones de orgullos nacionales. Ante la amenaza del virus nacionalista, Europa occidental y la propria Comunidad Europea podrían revelarse frágiles y vulnerables. La crisis yugoslava ha servido de revelador brutal de las lagunas de una Comunidad que, ebria de su éxito y de su pujanza económica, ha llegado a descuidar su imperfección política. El tratado de la Unión Europea intenta paliar esta carencia: refuerza la cohesión y la solidaridad de la Comunidad, progresa en la vía federalista organizando la cooperación en los asuntos interiores e intensificando la coherencia de las acciones comunes exteriores. Constituye un progresso innegable pero insuficiente para hacer frete a la amenaza. Más que nunca, tengo la convicción de que necesitamos, tanto en el Este como en el Centro o el Sur, una Comunidad fuerte con vocación federativa. Una Comunidad multinacional, rica en lecciones para la Europa del Este y capaz de asumir su responsibilidad en Europa y en el mundo.

Para el estudio de la integración europea han sido utilizados cuatro enfoques principales: los enfoques federalista, neofunctionalista, sistématico y de comunicación. El enfoque federalista, completado por las otras ópticas de análisis según las necesidades, es la línea directriz de esta obra. Dicho enfoque tiene la ventaja de ser global, político: la autonomía y la participación sobre las que se fundan la doble representación de los Estados o las regiones y de los ciudadanos, así como el reparto de los poderes según el principio de subsidiaridad. Pero al privilegiar el aspecto institucional del ordenamiento del poder político, tiende a desatender los procesos y los actores reales. Por esta razón, el enfoque neofunctionalista, lo mismo que los otros análisis, enriquecen la visión global e institucional. El neofuncionalismo de Ernest B. Haas ha destacado, mediante el análisis de los procesos de toma de decisión, al mismo tiempo, la variedad de funciones, los actores implicados, así como la transmisión de sus lealtades. El conjunto de los actores -dirigentes, grupos de interés, partidos políticos y opinión pública- contribuyen con sus acciones e interacciones a la dinámica de la integración, conocida bajo el término de spill over o engrenaje.

El neofunctionalismo es a menudo utilizado en un marco general proporcionado por el enfoque sistémico que introduce el concepto de retroacción dentro del processo de preguntas y respuetas. En efecto, el sitema político es, desde esta óptica, una máquina encargada de seleccionar y transformar las solicitudes en decisiones y en programas de acción Favoreciendo el proceso a costa del contenido y de los problemas sustanciales, David Easton ha contribuido, de un modo global, a la comprensión de los sistemas políticos, así como a su interpretación a la luz de su contexto. De esta forma, la visión demasiado interiorizada de Haas ha podido ser completada con una dimensión exterior.

Paralelamente, el enfoque de las comunicaciones de Karl W. Deutsch ha puesto de relieve la importancia de la integración informal partiendo del análisis de los flujos de intercambios y transacciones. Desde esta perspectiva, la nación o una Comunidad de Naciones como la Comunidad Europea es un espacio privilegiado de comunicaciones e intercambios. Aunque elaborada en los años cuarenta y afinada después en el curso de los decennios ulteriores, esta visión se ha visto abocada a un gran porvenir con el desarrollo de los medios de comunicación y de la informeatica. El conjunto de estos enfoques empleado de una forma pragmática se halla en la base de la presente obra, que prefigura un nuevo federalismo.


© All rights reserved - Professor Sidjanski - Last updated: 08/08/2001

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