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Prefacio
del autor a la edición
española
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Experimento una gran
alegría al ver publicado en español mi
libro, tanto más cuanto que esta
publicación me aproxima todavía más
a los estudiantes, investigadores y colegas
españoles y latinoamericanos,
proporcionándome, así lo espero, acceso a
un público más amplio. Mis relaciones con
españoles y latinoamericanos se remontan a la
época de mis estudios secundarios y universitarios
en Lausana. Tras la obtención de mi licenciatura
en la Universidad de esta ciudad, viví en Caracas
desde 1949 a 1953, donde enseñé relaciones
y cooperción e integración regional
(Consejo de Europa y Plan Schuman, Organización de
Estados Americanos). Allí tuve el privilegio de
colaborar con los eminentes professores españoles
Molés Caudet y García Bacca, y con los
venezolanos Edgar Sanabria y Rafael Caldera. Estos lazos
de amistad me facilitaron el aprendizaje del
españl, así como la comprensión del
mundo latinoamericano.
Dicha experiencia me condujo a
percibir Europa en su unidad potentcial y a comprender
mejor la aportación española a esta
región. A pesar de la distancia geográfica
y de la influencia norteamericana, Venezuela y otros
países latinoamericanos me parecieron conservar
afinidades profundas con Europa. De regreso a Ginebra,
tuve el insigne privilegio de colaborar desde 1956 con
Denis de Rougemont y Raymond Silva en el Centro Europeo
de la Cultura como investigador y militante europeo. En
distintas ocasiones organizamos diálogos
culturales con autores y creadores españoles y
latinoamericanos, entre ellos los profesores Díez
del Corral y Jiménez de Parga.
Paralelamente proseguí
mis trabajos sobre el federalismo internacional y la
Comunidad Europea con los profesores Paul Guggenheim,
Jacques l'Huillier y Jean Meynaud, este último a
quien sucedí en la Universidad de Ginebra. La
colaboración con Karl W. Deutsch, Altiero Spinelli
y Giovanni Sartori me impulsó a publicar una obra
teórica sobre la Dimensión europea de la
Ciencia Política (Paris, 1963), trabajo que
marcará el inicio de una serie de investigaciones
y publicaciones de artículos y libros sobre el
fenómo original que constituyen la Comunidad
Europea y el proceso de Unión.
Desde 1959 y durante muchos
años he mantenido relaciones en mi calidad de
secretario general de la Asociación de Institutos
de Estudios Europeos (AEIE), creada en 1957 por Denis de
Rougemont y Henri Brugmans, con el Centro Europeo de
Documentación e Información de Barcelona,
dirigido por Prat Ballester dentro del marco de la AEIE.
En la misma época, la cooperación con el
Instituto de Ciencias Sociales de la Disputación
de Barcelona tuvo como resultado la publicación de
la obra escrita com Jean Meynaud La Europa de los
negocios. Estructure y función de los gruppos,
con prólogo de su presidente, donc José
María de Muller y de Abadall. Varios
artículos publicados en la Revista del Instituto
podían ser considerados en aquella época
como escritos subversidos. Eran signos de que
España iba ya por el camino de la apertura,
acercándose a la Comunidad Europea.
Pero mis lazos con el mundo
iberoamericano no fueron por elle abandonadis. Por una
parte, representé a Venezuela en calidad de
consejero ad honorem en el seno del ECOSOC y de la
Comisión Económica para Europa. Por otra,
asistía a Gustavo Lagos em la creación y
elaboración del prograqma del INTAL (Instituto
para la Integración de América Latina,
Buenos Aires). Dentro de este Instituto impartí
enseñanzas sobre las instituciones comunitarias en
paralelo a las que sobre la integración europea
dispensaba Raymond Barre. Estos cursos intensivos estaban
dirigidos a los funcionarios de los ministerios de
asuntos exteriores y de económia que
posteriormente iban a ejercer responsabilidades con
relación a la integración latinoamericana,
aprovechando la experiencia europea. Uno de los ejemplos
lo constituye el artículo del Pacto Andino que
protege la integridad de la propuesta de la Junta,
inspirado en el artículo 149 del tratado CEE,
según el qual el Consejo no puede emmendar la
propuesta del Consejo más que por
unanimidad.
Las investigaciones sobre la
Asociasión Latinoamericana de Libre Comercio
(ALALC) y el Mercado Común Centroamericano (MCCA),
desarrolladas en el INTAL entre 1965 y 1967 dieron lugar
a la publicación de la obra Dimensiones
institucionales de la integración latinoamericana
(INTAL, 1967). Con posterioridad a mis trabajos sobre
la integración europea y latinoamericana
realicé un estudio comparado para la UNCTAD sobre
El papel de las instituciones en la integración
entre países en desarrollo (Naciones Unidas,
Nueva York, 1974).
Los temas de la
integración europea y latinoamericana
constituirían también el ojeto de la
investigaciones llevadas a cabo con Harold D. Jacobson.
de la Universidad de Michigan. Más tarde, la
publicación conjunta del Departemento de Ciencia
Política y del Instituto Europeo de la Universidad
de Ginebra L'Europe du Sud dans la Communauté
Européenne. Analyse comparative des groupes
d'intérêt et de leur insertion dans le
réseau de communautaire (PUF, Paris, 1990)
incluía dos contribuciones relativas a
España: <<Les groupes
d'intérêts espagnols et la Communauté
européenne>>, de Carlos Gracia y
<<Problématique
centre-périphérie en Espagne:
intégracion des groupes catalans à la
Communauté Européenne>>, de Anna
Melich, encargada de cursos y jefe de Unidad de la
Comisión Europea. Los temas relativos relativos a
partidos políticos españoles y portugueses
ante la integración fueron objeto de publicaciones
redactas por mis asistentes por aquel entonces,
José Durão Barroso, ex ministro de
Ralciones Exteriores de Portugal y Jonás
COndomines Beran, jefe de gabinete adjunto del presidente
del Parlamento Europeo, José María
Gol-Robles Gil-Delgado.
Durante todos estos años
he mantenido relaciones estrechas de colaboración
y de amistad con mis estudiantes del Colegio de Brujas y
con numerosos colegas españoles. Resulta
dificíl enumerar las clases y conferencias que he
tenido el placer de dictar en España: en el Centro
de Estudios Constitucionales, en la Universidad
Complutense de Madrid, en la Cátedra de
Nicolás Mariscal en la Universidad de Deusto y en
la de Francisco Aldecoa en la Universidad del País
Vasco. He de mencionar, asimismo, la colaboración
estrecha en el marco de Erasmus y Sócrates que ha
existido y que sigue desarrollánde con el Centro
de Estudios Europeos de la Universidad de Alcalá
de Henares.
La restauración de la
democracia en 1975, después de treinta y cinco
años de franquismo abrió a España
las puertas del mundo occidental, de la OTAN y, sobre
todo, de la Comunidad Europea, que era y sigue siendo el
eje central de la política española. Tanto
los esfuerzos realizados para conseguir entrar en la
Comunidad Europea, como la ardua negociación,
así como, finalmente, la pertenencia al
núcleode integración europea, han
contribuido a la modernización de su
economía y, por añadidura, a la
consolidación de la democracia. Además de
dinamizar el potencial de consolidación de la
sociedad española, la participación en la
Comunidad ha facilitado la oraganización
descentralizada del país y el desarrollo de las
regiones y entes locales en los marcos nacional y
comunitario. Ha contribuido, por otra parte, a reactivar
los nexos con Portugal, recreando la unidad
ibérica al suprimir la frontera entre dos
países unidos por la geografía y la
proximidad cultural. El aporte de la Unión Europea
es considerable, como lo es, de forma recíproca,
el de España a Europa. Su presencia en la
Unión garantiza un mejor equilibrio entre los
Estados miembros del norte y del sur. Pero, aún
más, su actuación ha sido y sigue siendo
positiva en distintos ámbitos. De González
a Aznar, los miembros españoles de la
Comisión Europea, Oreja y Marín, reafirman
su contribución y enriquecen la visión del
colegio comunitario. Asimismo, Enrique Barón
Crespo ha presidido el Parlamento Europeo, el cual tiene
como presidente en la actualidad a José
María Gil-Robles Gil-Delgado, quien desde hace
algunos años dirige la sección
española del Movimiento Europeo. Además de
este aporte español, por mediación de sus
personalidades políticas, el gobierno de
España, así como los círculos
oficiales, univeritarios y privados han
desempeñado y desempañan un papel de gran
importancia en los que se refiere tanto a la Conferencia
Intergubernamental como a las relaciones con los
países del Mediterráneo y de América
Latina. La mejor prueba de ello es el papel que
jugó España en la Conferencia
Euromediterránea de Barcelona de noviembre de
1995. Allí, la Unión Europea y sus doce
socios mediterráneos adoptaron la
Declaración de Barcelona que dio lugar al
nacimiento de la Asociación
Euromediterránea. En este marco multilateral se
desarrollan varias activadades: diálogo
político y de seguridad, cooperación
económica y financiera, reglamento MEDA (a
semejanza, del PHARE y TACIS, dotado con 4.685 milliones
de Ecus para el período 1995-1999), trabajos y
reuniones sectoriales, entre otros, los que tratan sobre
la creación de una zona de libre comercio y sobre
la integración regional. No cabe duda de que,
junto con Francia e Italia, España
desempeña un papel dinámico en el marco de
la asociación euromediterránea.
Dicho papel resulta aún
más valioso para la Unión Europea en las
relaciones con América Latina. A este respecto,
España aporta su conocimiento de esta
región su larga experiencia y sus contactos e
intercambios privilegiados. La actividad que
España desarolla en este contexto corresponde en
cierta manera a una especialización
política y diplomática que le permite
influir en el processo de toma de decisiones en el
Consejo cuando se trata de asuntos latinoamericanos. En
efecto, desde la adhesión de España y
Portugal en 1986 se puede observar une
intensificación de las relaciones entre la
Unión Europea y los países y agrupaciones
regionales de América Latina . Así, desde
la Declaración de Roma de 1990 se ha
institucionalizado el diálogo con los doces
países del Grupo de Río sobre los problemas
del pluralismo político, de las libertades
fundamentales y los derechos humanos, así como el
refuerzo de los intercambios comerciales,
económicos y tecnológicos, además de
la promoción de las inversiones en la
región. Participan en este diálogo los doce
países latinoamericanos, los Estados miembros de
la Unión y la Comisión Europea representada
por el vicepresidente Marín. Un proceso similar se
desarrolla con Centroamérica, fundamentado en tres
ejes prioritarios de la cooperación: la
consolidación del Estado de Derecho, el apoyo a
las políticas sociales y el refuerzo de la
capacidad de inserción de Centroamérica en
la economía internacional.
En 1995, la Unión Europea
firmo un Convenio Marco Interregional de
cooperación con Mercosur. En la primera
reunión ministerial de 1996, las partes destaracon
la importancia de reforzar su cooperación sobre
todo en materia de lucha contra la droga y blanqueo de
dinero, desarrollo duradero y medio ambiente. En 1996 se
firmó una declaración conjunta sobre el
diálogo político entre la Unión
Europea y la Comunidad Andina que completa y refuerza la
cooperación existente e institucionaliza sus
relaciones desarrollando el diálogo
político, en especial en la lucha contra la droga.
En el ámbito comercial tuvo lugar en Bruselas en
noviembre de 1996 la primera reunión de la
comisión mixta CE-Comunidad Andina. En todas las
actividades relacionadas con América Latina,
España y sus diferentes instituciones, tanto
económicas como universitarias, desempeñan
un papel de primer orden. Adémas, los miembros y
funcionarios españoles de la Comisión, del
Parlamento Europeo y del Consejo desempeñan un
papel dinámico. De hecho, España aparece
como un portavoz de los países latinoamericanos en
el seno de las instituciones comunitarias, así
como una fuente de información para los Estados
Miembros y un puente entre la Unión Europea y
América Latina. Merced a sus nexos tradicionales y
culturales con los países de esta zona,
España reafirma su autoridad dentro de la
Unión y recíprocamente refuerza su
influencia en América Latina perfilándose
como un líder en las relaciones de la Unión
con este subcontinente. En su calidad de miembro de la
Unión, España incrementa su prestigio en
esta región y, a su vez, aumenta su capacidad
internacional, contribuyendo de manera determinante a la
orientación política de la Unión en
América Latina., Este ejemplo constituye una
prueba concreta del aporte mutuo entre la Unión y
España, así como del beneficio común
que procura la participación activa de
España en la Unión Europea. Es
también una aplicación del método
federalista que trata de maximizar el potencial y los
recursos de los Estados miembros por mediación de
la Unión Europea.